THE ARTHUR B. RUBINSTEIN COLLECTION VOLUME 1
Aquí están los detalles de THE ARTHUR B. RUBINSTEIN COLLECTION VOLUME 1 editada por Dragon's Domain Records.
Descubre todos los secretos de las bandas sonoras sin gastar nada. Para eso estamos nosotros, que incorporamos muchas ediciones de bandas sonoras de Dragon's Domain, las escuchamos, hacemos una valoración y os las enseñamos.
The Arthur B. Rubinstein Collection Volume 1
Music from the Original Scores


Edición en CD
Música remasterizada por James Nelson en Digital Outland e incluye notas de G.B. Kemner y Scott Davis
Precio: 17,95 €
Fecha de salida: Ya disponible
De Central Park a la noche neoyorquina
Dragon’s Domain Records nos abre una nueva ventana al trabajo de Arthur B. Rubinstein con el primer volumen de una colección que reivindica dos partituras nacidas para la pequeña pantalla: The Prince of Central Park y Rivkin: Bounty Hunter.

Por un lado, recupera música que llevaba demasiado tiempo fuera del radar. Por otro, permite escuchar a un compositor capaz de cambiar de piel con naturalidad, pasando de una fábula de unos niños refugiados en Central Park al pulso urbano de un cazarrecompensas que recorre la Nueva York de principios de los ochenta.
Ambas partituras se presentan completas y en orden cinematográfico, una decisión que ayuda a entender mejor la arquitectura de cada trabajo y el modo en que Rubinstein construía carácter y ritmo desde dentro de la narración.

Un cuento de hadas en mitad de Central Park
The Prince of Central Park, emitida en 1977, plantea una historia que avanza entre la amistad y esa clase de asombro que solo pertenece a la infancia. Rubinstein responde con una escritura de cámara ligera, muy cuidada en su equilibrio, donde cada instrumento parece ocupar el lugar justo para sostener la fragilidad del relato.
Desde Opening Titles y Central Park ya se percibe ese tono de fábula urbana que luego crece en Finding The Treehouse And Nightfall, Life In The Park o Treehouse Montage And Knighted. La música acompaña la idea de refugio y de pequeño reino secreto levantado entre ramas y sombras, y lo hace con una delicadeza que encaja muy bien con el punto de vista de los protagonistas.

Más adelante, pasajes como Mrs. Miller And The Kids o The Carousel And Elmo Falls dejan ver cómo Rubinstein sabía introducir tensión o tristeza sin romper nunca la unidad del conjunto. El cierre con A New Family termina de redondear esa sensación de relato completo, de viaje interior contado desde la cercanía.
Nueva York entre neón y pólvora
Rivkin: Bounty Hunter cambia por completo de terreno. Aquí Rubinstein trabaja con un conjunto de unos treinta y cinco músicos, añade teclados y una sección rítmica muy marcada, y consigue un retrato bastante nítido de aquella Nueva York de 1981 que mezclaba humo, bares, callejones y trajes gastados.

Main Titles / First Bust ya nos situa en ese paisaje de tensión, casi de serie criminal con mala leche. Luego llegan Rivkin On Sleaze Street, Vito’s Restaurant, Rivkin And His Girl o Rivkin Talks To Son, donde el compositor utiliza apuntes más íntimos sin perder el hilo.
Es una partitura más seca que la de The Prince of Central Park, más pegada al personaje y a su desgaste. Cuando aparecen Rivkin’s Anger, Rivkin Vows To Get St. Clair y Rivkin Catches St. Clair, la música aprieta con una energía muy propia de su época, aunque sin caer en la caricatura televisiva. Y eso tiene mérito.

Ecos de partitura
Escuchar juntas estas dos obras ayuda a entender por qué Arthur B. Rubinstein merece una revisión más seria.
Su nombre suele aparecer asociado a títulos posteriores y más conocidos, sobre todo en su relación con John Badham en Blue Thunder, WarGames o Stakeout, pero aquí ya estaban varias de sus virtudes:, como son su claridad narrativa y facilidad para caracterizar espacios, sin dejar de lado un instinto muy fino para decidir cuánto debe decir la música y cuándo conviene dejarla respirar.
En The Prince of Central Park asoma un Rubinstein de raíz más lírica, cercano a cierta tradición del cine familiar de los setenta, donde la melodía servía para proteger el punto de vista infantil sin empalagar.

En Rivkin: Bounty Hunter aparece el profesional que entendía el nervio de la televisión americana y sabía vestirlo con una mezcla de teclados y orquesta que luego explotaría mejor en los ochenta.
Las dos bandas sonoras son dos caras complementarias de un compositor que dominaba el oficio y que aquí suena libre y muy consciente del mundo que tenía delante.
Únete a nosotros en este viaje por la música de cine
Aunque aún estamos afinando los últimos detalles de nuestra exclusiva newsletter para ofrecerte la mejor experiencia, tu anticipada suscripción te garantizará que no te pierdas ninguna actualización, lanzamiento exclusivo o contenido especial.
Haz que la música suene más fuerte
Para sostener y continuar expandiendo nuestra web, participamos en el Programa de Afiliados de Amazon. Esto significa que, al hacer clic y realizar compras a través de los enlaces de Amazon que proporcionamos, nos estás apoyando sin ningún coste adicional para ti.
Queremos asegurarte que nuestra afiliación se limita exclusivamente a Amazon. Cualquier otro enlace hacia sitios externos que encuentres en nuestra web tiene el único propósito de enriquecer tu experiencia y ofrecerte información detallada y específica sobre las bandas sonoras que resaltamos.
Otras preventas y lanzamientos de Dragon's Domain Records
¿Por qué nace Todo Soundtrack?
Desde mi adolescencia, las bandas sonoras han resonado como la música de fondo de mi vida, no solo realzando las películas que me encanta ver. En los años 1987 y 1988, mi vida tomó un giro decisivo y la música de las películas que disfrutaba en el cine o que alquilaba en el videoclub se transformó en mi ancla. No obstante, solo recientemente he tomado plena conciencia del papel crucial que desempeñó en aquel entonces.
"Fievel y el Nuevo Mundo" (An American Tail, 1986), una obra del gran James Horner, fue la primera banda sonora de película que adquirí en un diminuto establecimiento especializado ubicado en la calle Andrés Borrego, en el corazón de Madrid. Fue en Cinescor donde mi viaje comenzó





