Banda sonora SUNSET BOULEVARD Franz Waxman
Aquí están los detalles de la banda sonora EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES (SUNSET BOULEVARD Franz Waxman) editada por Enjoy The Ride Records.
Descubre Sunset Boulevard soundtrack y todos los secretos de las bandas sonoras sin gastar nada. Para eso estamos nosotros, que incorporamos muchas ediciones de bandas sonoras, las escuchamos, hacemos una valoración y os las enseñamos.
Sunset Boulevard
Music from the Motion Picture


Edición LP limitada a 500 unidades en 4 variantes
Precio: 29,99 $
Ya disponible
Franz Waxman baja la escalera de Norma Desmond en vinilo por primera vez
Hay piscinas como la de Sunset Boulevard, donde Billy Wilder dejó flotando un cadáver, una voz en off y una de las entradas más feroces de la historia del cine negro.
Desde ese primer plano imposible, la película ya avisa que Hollywood no será aquí una fábrica de sueños, sino una mansión cerrada, llena de polvo, retratos, delirios y focos que dejaron de alumbrar hace demasiado tiempo.

Enjoy The Ride Records publica Sunset Boulevard en vinilo por primera vez (parece mentira desde 1950).
La partitura de Franz Waxman, interpretada por la Paramount Symphony Orchestra, llega en una edición limitada de 500 copias, prensada en vinilo mono de color y alojada en funda sencilla con interior forrado de polietileno.
Un lanzamiento pequeño en tirada, pero con enorme peso cinematográfico.

Vinilo limitado a 500 copias, mono y variantes con aroma de celuloide
La edición se presenta como un LP en mono, limitado a 500 copias distribuidas en cuatro variantes de color.
Enjoy The Ride Records lista dos variantes propias: Film Strip with Splatter, exclusiva ETR y limitada a 100 copias, y Sunset Boulevard Swirl, también exclusiva ETR y limitada a 150.

La presentación se completa con funda sencilla e interior forrado de polietileno, una elección práctica para una edición que concentra todo su magnetismo en la música, el color del prensado y la carga simbólica del título.
La variante Film Strip with Splatter tiene un nombre especialmente afortunado. Sunset Boulevard es una película sobre celuloide, memoria, decadencia y la imposibilidad de aceptar que el proyector se ha apagado. Convertir el disco en una especie de tira fílmica manchada resulta casi demasiado perfecto.

Sunset Boulevard Swirl, por su parte, sugiere otra imagen, la del remolino de fama, el deseo, la dependencia y la locura que atrapa a Joe Gillis en aquella mansión donde todo parece detenido en un primer plano eterno.
No se ha detallado el aspecto de las otras dos variantes, así que nos quedamos con lo confirmado, que son 500 copias, mono, por primera vez en vinilo y dos diseños ETR con un nombre de culto.

Franz Waxman y el sonido de una estrella que se niega a apagarse
La música de Franz Waxman ganó el Oscar y forma parte esencial de la identidad de Sunset Boulevard. Waxman escribió para el brillo y para la ruina, para el glamour viejo y para la humedad de una casa donde los recuerdos se han convertido en muebles.
Su música tiene varias capas.
Puede sonar grandiosa, casi operística, cuando Norma Desmond se contempla a sí misma como una reina exiliada del cine mudo. Puede volverse sombría y punzante cuando Joe entiende que su ambición ha entrado en una habitación sin salida. Y puede deslizarse hacia lo grotesco con una elegancia cruel.

Cada gesto de Norma parece traer un eco musical de su antigua gloria, pero ese eco llega deformado, excesivo, magnífico y triste.
Waxman entiende que el personaje no es solo una diva desquiciada. Es una mujer abandonada por la industria que la fabricó. Y esa tragedia, bajo el sarcasmo de Wilder, necesita música con veneno y compasión a la vez.

Cara A: de la piscina al estudio Paramount
La cara A abre con Prelude, un corte de más de ocho minutos que reúne buena parte del espíritu de la película con la fatalidad, la ironía, el suspense y ese aroma de tragedia narrada desde el otro lado de la vida.
Le siguen Money Trouble / The Schwabadero y Chase and Mansion / An Aging Actress, donde el trayecto de Joe Gillis empieza a torcerse hacia la mansión de Norma. La música ya no mira a Hollywood desde los carteles luminosos, sino desde la deuda y la necesidad.

The Organ Grinder, A Curious Collaboration y Norma’s Gallery se adentran en el mundo privado de Norma Desmond. La galería de retratos, las habitaciones recargadas y el órgano convierten la casa en la cripta de una celebridad.
Afternoon Outings / Sacrifice of Self-Respect condensa uno de los temas centrales de la película donde Joe cede terreno, acepta regalos, cambia comodidad por dignidad y se convence de que aún controla la situación. Pobrecillo.

En Sunset Boulevard, quien cree dominar el encuadre suele descubrir demasiado tarde que Wilder ya había colocado la cámara en otro sitio.
La primera cara culmina con el viaje a Paramount: Parading to Paramount, Interview with DeMille, DeMille’s Compassion y The Studio Stroll. Esa secuencia es puro cine dentro del cine. Norma vuelve al estudio como si atravesara un templo perdido, mientras los focos y los técnicos parecen reconocerla y no reconocerla al mismo tiempo.
Waxman hace que ese regreso sea majestuoso y doloroso, como una procesión donde la santa patrona ya no tiene devotos suficientes.

Cara B: despedida, regreso imposible y una danza hacia el abismo
La cara B comienza con Farewell / Joe Walks Out, una pieza clave para el tramo final de la relación entre Joe y Norma. La música acompaña una ruptura que ya no puede ser limpia porque todo en la mansión está contaminado por la dependencia, la manipulación y el miedo.
Joe intenta salir, pero Sunset Boulevard lleva desde el primer minuto diciéndonos que esa historia se cuenta desde una piscina.

The Comeback es uno de esos temas que contienen una ironía devastadora. Norma sueña con su regreso, con DeMille, con las cámaras, con el público que nunca ha dejado de esperarla. La realidad, claro, trabaja en otra película.
Waxman dota ese sueño de una grandeza turbia ya que no se burla de Norma, pero tampoco le concede la mentira completa.

La edición incluye también piezas externas o adaptadas que forman parte del tejido musical del film, como fragmentos de Toccata and Fugue in D Minor, La Cumparsita, Diane, Charmaine y Auld Lang Syne.
El cierre con Main Title (Film Version with Effects) añade una curiosidad muy atractiva para el coleccionista, al conservar una versión con efectos de la película. En una obra tan obsesionada con la maquinaria del cine, escuchar esos rastros casi parece obligatorio.
Sunset Boulevard siempre ha sido una película donde la imagen, el sonido y el artificio se miran entre sí con una mezcla de fascinación y culpa.

Norma Desmond: una voz musical entre el delirio y la herida
Gloria Swanson convirtió a Norma Desmond en una de las grandes figuras del cine sobre el cine. Su personaje podría haber sido caricatura pura: una estrella muda envejecida, encerrada en su mansión, convencida de que el mundo sigue girando a su alrededor. Pero Swanson y Wilder hicieron algo más incómodo.
Norma da miedo, sí. Resulta excesiva, teatral, absorbente. Pero también duele.
Waxman recoge esa dualidad con una música que nunca la reduce a ser un monstruo. Su partitura la eleva, la rompe, la vuelve majestuosa y patética en el sentido más antiguo de la palabra. Cada vez que la música parece concederle grandeza, también deja oír el vacío bajo los aplausos.

Por eso Sunset Boulevard sigue teniendo tanta fuerza. Más allá de una actriz olvidada, habla de una industria que devora rostros, fabrica dioses, cambia de tecnología y deja a sus criaturas encerradas con sus propias fotografías.
Waxman puso música a ese funeral con la elegancia de quien sabe que en Hollywood hasta los entierros necesitan iluminación adecuada.

Joe Gillis y la ambición como contrato con letra pequeña
William Holden, como Joe Gillis, aporta el contrapunto perfecto. Es cínico, inteligente, vulnerable a la comodidad y bastante menos listo de lo que cree. Su voz en off conduce la película desde la muerte, pero su recorrido musical está lleno de pequeñas concesiones.
Joe entra en la mansión buscando una salida económica y acaba atrapado en una telaraña de dinero, deseo, lástima y oportunismo.

La música de Waxman lo acompaña en su caída gradual como héroe trágico. El peligro de Sunset Boulevard es una casa que ofrece un refugio, una mujer que ofrece protección, un guion que promete un trabajo y una vida que parece demasiado cómoda para rechazarla justo cuando uno está arruinado.
Ahí la partitura funciona como conciencia, dejando que cada paso suene un poco más cerrado y más inevitable.
Ecos de partitura
Dentro de la historia de la música de cine, Sunset Boulevard ocupa un lugar de privilegio porque Franz Waxman entendió la película como drama psicológico, cine negro, sátira industrial y tragedia gótica a la vez. No era sencillo.

Una partitura demasiado solemne habría traicionado la ironía de Wilder. Una demasiado sarcástica habría vaciado de dolor a Norma. Waxman encontró un punto perfecto entre ambos extremos.
La edición en vinilo tiene además un valor especial porque rescata una obra nacida en el corazón de Paramount y la devuelve al formato físico con una presentación limitada.
Que sea la primera vez que esta música llega al vinilo en esta forma la convierte en una pieza muy tentadora para coleccionistas de cine clásico, de Waxman y de bandas sonoras de Hollywood dorado.
También hay algo poético en escuchar Sunset Boulevard en mono. No como limitación, sino como regreso a una textura más cercana a la época, a la sala, al blanco y negro, a ese sonido que parece salir de detrás de una cortina pesada.
La música no necesita una amplitud moderna para imponerse. Le basta con una aguja, una luz baja y la sombra de Norma descendiendo la escalera.
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¿Por qué nace Todo Soundtrack?
Desde mi adolescencia, las bandas sonoras han resonado como la música de fondo de mi vida, no solo realzando las películas que me encanta ver. En los años 1987 y 1988, mi vida tomó un giro decisivo y la música de las películas que disfrutaba en el cine o que alquilaba en el videoclub se transformó en mi ancla. No obstante, solo recientemente he tomado plena conciencia del papel crucial que desempeñó en aquel entonces.
"Fievel y el Nuevo Mundo" (An American Tail, 1986), una obra del gran James Horner, fue la primera banda sonora de película que adquirí en un diminuto establecimiento especializado ubicado en la calle Andrés Borrego, en el corazón de Madrid. Fue en Cinescor donde mi viaje comenzó.





