Banda sonora ABANDONADOS Joan Vilà

Aquí están los detalles de la banda sonora de ABANDONADOS Joan Vilà editada por Hollywood Records.

Descubre todos los secretos de las bandas sonoras sin gastar nada. Para eso estamos nosotros, que incorporamos y escuchamos muchas ediciones de bandas sonoras, las escuchamos, hacemos una valoración y os las enseñamos.

ABANDONADOS

Banda Sonora Original


Abandonados soundtrack Joan Vilà
Hollywood Records logo

Edición de Hollywood Records en plataformas musicales

Precio: Depende de la plataforma musical

Joan Vilà pone música a cuarenta años buscando una respuesta

Tres niños, una estación y una pregunta que tarda décadas en encontrar dónde apoyarse.

Abandonados banner

El 22 de abril de 1984, Ramón, Ricard y Elvira aparecen solos en la Estació de França de Barcelona. Tienen dos, cuatro y seis años, hablan francés, recuerdan haber llegado desde París y carecen de documentos que permitan reconstruir quiénes son. Nadie vuelve a buscarlos. Crecen dentro de una nueva familia y, muchos años después, aquella pregunta enterrada vuelve a ponerse en movimiento: ¿por qué fueron abandonados?

Abandonados convierte esa búsqueda real en cuatro episodios donde memoria, investigación, documentos y testimonios van colocando piezas sobre una mesa que estuvo vacía demasiado tiempo. Y Joan Vilà acompaña el proceso evitando convertir la historia en un thriller convencional de golpes musicales y revelaciones prefabricadas.

Abandonados teaser

Su partitura avanza de otra manera.

Primero pregunta.

Después recuerda.

Y solo entonces empieza a responder.

Tres hermanos, una estación y una música que evita correr

El comienzo del álbum ya resulta bastante revelador.

Abandonados poster

Abandonados (Inicio) apenas supera el minuto. Después llegan Elvira, con 56 segundos, y Hermanos, que todavía permanece por debajo de los dos. Vilà no comienza desarrollando largas estructuras ni imponiendo una gran declaración dramática. La música aparece en pequeñas cápsulas, como recuerdos incompletos que todavía no saben cómo enlazarse.

La primera expansión llega con El día del abandono.

Ahí el propio título obliga a mirar hacia 1984, aunque la escritura del álbum sigue evitando instalarse durante demasiado tiempo en un solo lugar. El recorrido inicial tiene algo fragmentario con personas, vínculos y acontecimientos que aparecen separados, como las fotografías o nombres que posteriormente habrá que relacionar.

Es una forma muy adecuada de musicalizar una historia donde la memoria no funciona como un relato continuo.

Primero existen fragmentos.

La narración tendrá que descubrir qué hacer con ellos.

El cambio más claro llega precisamente con Investigación, que supera los cuatro minutos. Desde ese momento el disco empieza a concederse más espacio. La búsqueda ya tiene dirección y la música deja de limitarse a presentar elementos para comenzar a desarrollarlos.

La propia arquitectura de la banda sonora cuenta parte de la historia.

De Investigación a Intentando recordar o cuando la partitura empieza a tirar del hilo

Entre Investigación, Una nueva familia e Intentando recordar aparecen tres de los primeros bloques largos del álbum.

Y ahí está uno de sus recorridos musicales más interesantes.

El primero pertenece al presente activo, en el hecho de buscar, relacionar información y avanzar. El segundo introduce el terreno afectivo de la vida que los hermanos construyeron después del abandono. El tercero cambia de dirección y mira hacia dentro.

Intentando recordar es quizá el tema que mejor resume el verdadero conflicto musical de Abandonados.

Porque investigar significa trabajar con pruebas.

Recordar significa trabajar con vacíos.

Vilà parece organizar el álbum alrededor de esa tensión. Las piezas relacionadas con la investigación pueden adquirir mayor continuidad, mientras los cortes vinculados a recuerdos, personas o episodios concretos tienden con frecuencia a ser más breves y contenidos. No hace falta convertir cada revelación en un estallido para mantener la atención; la música puede permanecer cerca de los protagonistas y dejar que sea la información la que cambie el peso de una escena.

Una crítica de la serie describía precisamente la música de Vilà como capaz de empujar los datos hacia la emoción sin hacerse notar, una definición bastante certera del equilibrio que requiere un documental de estas características.

Nos han abandonado ocupa después un lugar especialmente duro dentro de la secuencia. Ya no estamos ante una denominación externa como El día del abandono. El título está formulado desde quienes lo vivieron.

Ese pequeño desplazamiento gramatical cambia todo.

La infancia no es aquí un lugar al que regresar tranquilamente

La zona central del álbum encadena El coche de papá, Infancia, Embarazada y El día que empezó todo.

Una de las virtudes de la edición preparada por Hollywood Records es permitir que la investigación conviva con elementos cotidianos. El relato de Abandonados puede contener documentos, pistas y reconstrucciones, pero su núcleo sigue siendo profundamente familiar: un coche, una casa, un embarazo, nombres que deberían resultar normales y terminan funcionando como piezas de una identidad incompleta.

Infancia ocupa además un lugar especial dentro del trabajo de Vilà, hasta el punto de que el compositor ha mostrado en su página oficial parte del proceso de creación de este corte. La banda sonora fue grabada en Hungría con músicos de Budapest y orquestada por Joan Martorell, de modo que la dimensión orquestal forma parte real del proyecto y no únicamente de su acabado final.

Esa decisión aporta a la serie algo importante que es peso humano.

No estamos ante una música de investigación construida únicamente sobre pulsos, texturas electrónicas o tensión funcional. La presencia de una orquesta permite ensanchar los momentos ligados a familia, recuerdo y pertenencia, mientras la escritura puede recogerse de nuevo cuando la historia exige duda o distancia.

Después aparecen Lluis y Los documentos.

Otra vez, persona y prueba.

Otra vez, afecto e investigación colocados uno junto al otro.

Vilà parece interesado precisamente en esa convivencia.

El despertar y La casa o cuando las piezas empiezan a ocupar más espacio

El tramo más expansivo llega con El despertar y especialmente La casa, que constituye la pieza más larga de todo el álbum.

Ese crecimiento no parece accidental.

Durante la primera mitad hemos avanzado entre recuerdos parciales, personas y fases de investigación. Cuando aparece La casa, el álbum ya puede permitirse detenerse mucho más tiempo en un mismo espacio dramático.

Una casa debería representar estabilidad.

En una historia como esta puede contener exactamente lo contrario: huellas, respuestas, recuerdos ajenos, versiones familiares y aquello que permaneció oculto durante décadas.

Musicalmente, una duración superior a seis minutos concede a Vilà algo que muchas de las primeras pistas no tenían y es tiempo para construir un arco completo, sostener una idea, transformarla y permitir que la tensión o el lirismo evolucionen gradualmente.

Eso modifica también la respiración del disco.

El comienzo estaba compuesto por piezas pequeñas y relativamente concentradas. La segunda mitad contiene varios desarrollos de cuatro minutos o más: El despertar, La casa y Carmen Pastor.

El álbum ha ganado densidad al mismo ritmo que la investigación gana información.

Después, Silvie, La fuente, Una reunión importante y Un misterio vuelven a estrechar el formato. Pero ahora esos cortes breves llegan después de que hayamos recorrido buena parte de la historia, por lo que cada nombre parece traer consigo mucho más equipaje.

La estructura funciona casi como la memoria que describe la serie.

Al principio, un nombre es apenas un nombre.

Sesenta minutos después puede contener media vida.

Una orquesta en Budapest para una historia profundamente barcelonesa

Resulta especialmente curioso que una historia tan ligada a Barcelona haya encontrado parte de su voz musical a más de 1500 kilómetros de distancia.

Carlos Alonso Ojea contó en RAC1 que el equipo viajó a Hungría para registrar la banda sonora, aprovechando la relación profesional entre Vilà y Joan Martorell, responsable de la orquestación, y la experiencia de este con músicos de Budapest.

Ese componente orquestal encaja también con la trayectoria del compositor.

Joan Vilà comenzó a estudiar piano a los siete años y posteriormente amplió su formación en composición y música audiovisual con profesionales como Lluís Vergés, Roque Baños y Lucio Godoy, además de pasar por el Hollywood Music Workshop de Viena. Antes de dedicarse plenamente a la composición trabajó también en realización, montaje y edición musical para TV3, una experiencia especialmente pertinente en una obra donde la música debe convivir con entrevistas, material de archivo, silencios y revelaciones documentales.

Aquí se nota una preocupación por el relato antes que por exhibir la partitura.

Y en documental esa diferencia importa mucho.

La música puede orientar al espectador.

No debería dictarle qué debe sentir cada treinta segundos.

Joan Vilà entre la investigación, la memoria y el regreso al tema principal

Los últimos minutos del álbum ofrecen una estructura especialmente bonita.

Después de Un misterio aparece Tema principal, comprimido en exactamente un minuto, y finalmente Abandonados (Finale), con 3:54.

El tema principal llega casi al final del disco.

Eso ya resulta significativo.

En lugar de presentar desde el principio su identidad musical completamente desarrollada, el álbum reserva esa formulación clara para cuando hemos recorrido prácticamente toda la investigación. Es como si el motivo necesitara primero adquirir contexto antes de poder presentarse desnudo.

Ecos de partitura

Vilà llega a Abandonados después de trabajos muy diferentes como Y todos arderán, Tú no eres yo, Verano Rojo, Noah o la miniserie Silencio. Su propia trayectoria muestra una afinidad evidente con el suspense y el terror, aunque reducirlo a ese territorio sería engañoso: su formación como pianista y su experiencia en montaje ayudan a entender una escritura mucho más pendiente de cuándo entrar y cuándo retirarse que de mantener una identidad genérica constante.

En Silencio, por ejemplo, Vilà explicaba que la definición del tono y de la instrumentación debía existir desde el comienzo para poder unir dos épocas históricas muy diferentes. Esa preocupación por encontrar una lógica musical antes de empezar a llenar escenas aparece también aquí, aunque aplicada a otro problema: cómo acompañar una búsqueda real sin convertirla en ficción.

Abandonados necesita misterio, porque existe una incógnita.

Necesita tensión, porque cada descubrimiento puede modificar lo anterior.

Pero necesita, sobre todo, humanidad.

Ahí encajan los títulos dedicados a Elvira, Hermanos, Infancia, Una nueva familia, Carmen Pastor o Silvie. Frente a ellos aparecen Investigación, Los documentos, Una reunión importante o Un misterio.

Personas frente a pistas.

Memoria frente a expediente.

La música vive entre ambos lados.

Y cuando Abandonados (Finale) recupera el título con el que había comenzado el disco, ya han pasado más de sesenta minutos y aquella palabra significa algo diferente.

El principio describía una situación.

El final carga con una historia.

Ahora podemos escuchar esa transformación fuera de la serie en 23 piezas y 66 minutos, una edición digital que funciona especialmente bien porque no necesita las imágenes para conservar la dirección del relato.

Quizá esa sea la mejor medida del trabajo de Joan Vilà.

Una banda sonora para una historia sobre personas que pasaron cuarenta años intentando descubrir de dónde venían termina sabiendo perfectamente adónde quiere llegar.

Esta banda sonora fue publicada por Hollywood Records

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    ¿Por qué nace Todo Soundtrack?

    Desde mi adolescencia, las bandas sonoras han resonado como la música de fondo de mi vida, no solo realzando las películas que me encanta ver. En los años 1987 y 1988, mi vida tomó un giro decisivo y la música de las películas que disfrutaba en el cine o que alquilaba en el videoclub se transformó en mi ancla. No obstante, solo recientemente he tomado plena conciencia del papel crucial que desempeñó en aquel entonces.

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    "Fievel y el Nuevo Mundo" (An American Tail, 1986), una obra del gran James Horner, fue la primera banda sonora de película que adquirí en un diminuto establecimiento especializado ubicado en la calle Andrés Borrego, en el corazón de Madrid. Fue en Cinescor donde mi viaje comenzó.

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