Banda sonora PASSENGER Christopher Young

Aquí están los detalles de la edición de EL PASAJERO NOCTURNO (PASSENGER Christopher Young) editada por Intrada Records.

Descubre Passenger soundtrack y todos los secretos de las bandas sonoras sin gastar nada. Para eso estamos nosotros, que incorporamos muchas ediciones de bandas sonoras de Intrada, las escuchamos, hacemos una valoración y os las enseñamos.

Passenger

Music from and Inspired by the Motion Picture INT 7192


Passenger soundtrack Christopher Young
intrada records logo

Edición CD

Precio: 24,99 $

Passenger: Christopher Young convierte la carretera abierta en una plegaria contaminada

Christopher Young siempre ha sabido que el terror respira mejor cuando encuentra una grieta distinta por la que entrar. En Passenger, nuevo thriller sobrenatural de André Øvredal para Paramount Pictures, esa grieta aparece en mitad de la carretera.

Passenger logo title

Tyler y Maddie, una pareja joven entregada al sueño de la vida en furgoneta por Estados Unidos, presencian un accidente brutal y siguen su camino con algo pegado a ellos. La entidad, conocida únicamente como El Pasajero, transforma el viaje en una persecución donde cada pueblo parece una parada más hacia el agotamiento.

Intrada edita en CD la banda sonora de Young, también disponible en digital a través de Lakeshore Records. El disco reúne ocho cortes y algo más de cincuenta y cuatro minutos de música, con una estructura muy poco habitual: dos mundos sonoros que se alternan como si pertenecieran a películas distintas, aunque terminan compartiendo la misma pesadilla.

Passenger soundtrack back

Tras la escritura sinfónica y de concierto de The Piper, Young gira el volante hacia un terreno más espiritual y más inestable.

Un CD de Intrada con dos almas encerradas en el mismo vehículo

La edición de Intrada presenta Passenger como un CD de 8 cortes, producido por Christopher Young junto a John Jae Lee y Matthew Rosales, y masterizado por Doug Schwartz en Mulholland Music.

El formato físico tiene aquí un atractivo claro ya permite escuchar el álbum como una pieza cerrada, casi como una misa rota en ocho estaciones, con el bloque de St. Christopher cruzándose una y otra vez con los movimientos de Passenger.

Passenger movie scene

La parte llamada St. Christopher está escrita para coro de hombres y coro de niños. Su nombre ya apunta al santo protector de los viajeros, aunque Young lo utiliza desde una zona ambigua, entre lo devocional y lo inquietante.

Esa música parece traer una luz antigua, una especie de consuelo religioso que nunca termina de ofrecer refugio completo. En una película de carretera, invocar a San Cristóbal tiene algo de petición desesperada para que el camino no se cierre, para que el motor siga y que aquello que viaja detrás pierda el rastro.

El segundo bloque, Passenger, se mueve en dirección contraria. Son movimientos de electrónica, voz tratada y guitarra de Brandon Brown, con una textura quebrada y seca, como fuera de lugar. Ahí el disco deja la capilla y entra en el arcén.

Passenger poster

Young trabaja el sonido como un cuerpo extraño, como algo que se cuela en el habitáculo, que altera la percepción y que convierte una furgoneta en una caja cada vez más pequeña.

Christopher Young entre el coro, la electrónica y la criatura invisible

La secuencia del álbum tiene una lógica casi ritual. Prelude, con sus más de diez minutos, funciona como un umbral largo, una entrada sin prisa hacia el territorio de la amenaza. Después aparece St. Christopher #1, primera invocación coral, antes de que Passenger Part 1 introduzca la cara más contaminada del score.

Ese vaivén se repite con St. Christopher #2, Passenger Part 2, St. Christopher #3, Passenger Part 3 y St. Christopher #4, creando una estructura de choque entre fe y posesión, carretera y liturgia, protección y condena.

Movie poster Passenger

Lo interesante es que Young evita el susto fácil. Su música parece más preocupada por la adherencia de la amenaza que por el golpe inmediato. El Pasajero no aparece como un monstruo que salta desde un asiento trasero; se escucha como una presión que va cambiando el aire del viaje.

Cuando entra el coro, la película respira por un momento, aunque esa respiración llega cargada de presagio. Cuando vuelve la electrónica, todo se tuerce: la señal se ensucia, el espacio se estrecha y empezamos a sentir que la carretera quizá lleva demasiados kilómetros repitiéndose.

El trabajo de Brandon Brown en la guitarra refuerza ese carácter físico. La cuerda aparece como material de fricción. Hay algo de metal rozando una superficie húmeda y de vibración que no acaba de resolverse.

Passenger movie poster

Young, veterano absoluto del género, usa esa paleta para recordar que el terror sobrenatural moderno puede ser tan antiguo como una plegaria y tan actual como una frecuencia mal sintonizada.

Ecos de partitura

Passenger dialoga con varias zonas de la carrera de Christopher Young. Su escritura coral remite al compositor que siempre ha entendido el horror desde lo ritual, lo litúrgico y lo infernal, esa línea que atraviesa títulos como Hellraiser o The Exorcism of Emily Rose.

Pero aquí el tono cambia ya que la amenaza viaja por autopistas, gasolineras y moteles, de modo que el elemento religioso aparece desplazado, como una protección antigua intentando actuar en un mundo demasiado erosionado.

También resulta muy revelador colocarlo junto a The Piper. En aquella partitura, Young trabajaba desde una ambición sinfónica más abierta, con una escritura orientada al concierto. Passenger parece su reverso al ser una obra de espacios cerrados y materiales enfrentados.

El compositor pasa de la arquitectura grande al trayecto enfermizo y de la sala de concierto a una furgoneta donde cada kilómetro añade otra capa de miedo.

Dentro del terror reciente, el álbum tiene una personalidad fuerte porque apuesta por la dualidad formal. La música construye dos fuerzas que pelean dentro del mismo disco, con una que quiere elevarse y la otra que arrastra hacia abajo. Esa tensión convierte la escucha en algo más raro y más atractivo que una simple sucesión de cortes oscuros.

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    ¿Por qué nace Todo Soundtrack?

    Desde mi adolescencia, las bandas sonoras han resonado como la música de fondo de mi vida, no solo realzando las películas que me encanta ver. En los años 1987 y 1988, mi vida tomó un giro decisivo y la música de las películas que disfrutaba en el cine o que alquilaba en el videoclub se transformó en mi ancla. No obstante, solo recientemente he tomado plena conciencia del papel crucial que desempeñó en aquel entonces.

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    "Fievel y el Nuevo Mundo" (An American Tail, 1986), una obra del gran James Horner, fue la primera banda sonora de película que adquirí en un diminuto establecimiento especializado ubicado en la calle Andrés Borrego, en el corazón de Madrid. Fue en Cinescor donde mi viaje comenzó.

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