Banda sonora PREDATOR BADLANDS en vinilo Sarah Schachner y Benjamin Wallfisch
Aquí están los detalles de la banda sonora PREDATOR BADLANDS en vinilo compuesta por Sarah Schachner y Benjamin Wallfisch editada por Mutant.
Descubre todos los secretos de las bandas sonoras sin gastar nada. Para eso estamos nosotros, que incorporamos muchas ediciones de bandas sonoras de Mutant, las escuchamos, hacemos una valoración y os las enseñamos.
Predator Badlands
Original Motion Picture Soundtrack MBM-077


Edición limitada LP en vinilo de 140 gramos de color exclusivo de la web de Mutant
Arte de Greg Ruth
Precio: 36,95 euros
Fecha de salida: Ya disponible
Sarah Schachner y Benjamin Wallfisch llevan la caza Yautja al vinilo de Mutant
Hay cazadores que persiguen trofeos. Dek persigue algo mucho más peligroso y es la aprobación de su propia sangre.

En Predator: Badlands, Dan Trachtenberg sigue ensanchando la mitología Yautja después de Prey y Predator: Killer of Killers, pero esta vez coloca la cámara donde la saga casi nunca se había atrevido a quedarse tanto tiempo: al lado del Predator.
Mutant presenta el estreno en formato físico de la banda sonora original compuesta por Sarah Schachner y Benjamin Wallfisch. La edición llega en vinilo de color exclusivo de la tienda Mutant, prensado en 140 gramos, con arte original de Greg Ruth y también disponible en CD.

El apartado visual corre a cargo de Greg Ruth, una elección muy adecuada para esta etapa de Predator. Ruth sabe trabajar rostros, cuerpos y tensión con una gravedad casi de retrato ceremonial.
En una película donde el Yautja deja de ser amenaza lejana para convertirse en protagonista marcado por la exclusión, el arte no debía limitarse a enseñar una criatura feroz. Tenía que sugerir carácter, herida, linaje y hambre de reconocimiento.
Una selección física de 20 cortes frente al álbum digital de 27
El vinilo de Mutant reúne 20 pistas repartidas en dos caras. El álbum digital publicado por Hollywood Records contiene 27 cortes, así que esta edición física funciona como una selección condensada del recorrido musical, centrada en los ejes principales de la película: Yautja Prime, Dek, Thia, el planeta hostil, la alianza, la traición y la oración final.

En la edición de vinilo no aparecen algunos cortes de la digital, como Genna, Other Half, Tessa, Razor Grass, Copycat, Sisters o Let’s Go Hunt. Es un matiz importante para el coleccionista ya que el LP no replica íntegramente el digital, pero sí traza una versión muy clara y narrativa del viaje.
Esa concentración puede jugar a favor de la escucha en tocadiscos. Dos caras, veinte pasos de caza y una estructura que avanza desde Yautja Prime hasta Yautja Prayer. La música empieza en el origen y acaba en el rito.

Schachner y Wallfisch o dos cazadores para una misma presa musical
La frase de Mo Shafeek, cofundador de Mutant, compara la unión de Sarah Schachner y Benjamin Wallfisch con la de Dek y Thia.
La imagen funciona. Schachner ya había dejado una huella muy poderosa en Prey, donde la saga encontró una vía nueva sin traicionar su instinto primitivo. Wallfisch, por su parte, venía de escribir para Predator: Killer of Killers y de moverse con soltura en territorios de ciencia ficción, terror y acción de gran escala.

En Badlands, ambos tienen que resolver un reto distinto y era escribir para un Predator que ya no actúa como sombra en la selva, amenaza invisible o enemigo final. Dek es joven, está marcado por el rechazo y debe demostrar su valor en el planeta más peligroso del universo.
La música necesita conservar la ferocidad de la saga, pero también abrir espacio para la fragilidad del personaje.
Ese equilibrio es el corazón del score. Hay músculo, percusión, tensión, electrónica, arquitectura tribal y empuje de aventura, pero también un sentido de identidad. La caza se vive como prueba iniciática. Y eso cambia el modo de escuchar cada golpe.

Cara A: Yautja Prime, hermanos y un planeta con malas intenciones
La cara A arranca con Yautja Prime, una entrada directa al origen. El tema habla de cultura, especie, tradición y jerarquía. Antes de llegar al planeta de la prueba, la música nos recuerda que Dek viene de un mundo con reglas duras, códigos de honor y una idea del valor donde fallar puede equivaler a ser expulsado de tu propio nombre.
Brothers introduce el vínculo familiar, uno de los motores del relato. En Predator, la familia nunca ha sido un asunto doméstico con mantel y sobremesa. Aquí tiene competencia, exigencia y una sombra de humillación.
Earn Your Place lo deja aún más claro: ganarse el sitio no es una metáfora amable. Para Dek, ocupar un lugar entre los suyos pasa por sobrevivir donde otros serían triturados antes de tener tiempo de presumir.

Bad Plant, Badlands y Spiky Plants desplazan la música al entorno. La gracia está en que el planeta no parece un simple decorado hostil. Es un adversario completo.
Si la vegetación ya viene con vocación homicida, quizá convenga no tocar nada, no oler nada y, por supuesto, no tumbarse a descansar bajo una planta con aspecto de haber firmado varios cadáveres.
Meet Thia cambia el eje. La sintética interpretada por Elle Fanning introduce un contrapunto decisivo: inteligencia artificial, problemas propios y una alianza improbable con un guerrero criado para cazar. El encuentro reconfigura la amenaza.

The Alpha, The Kalisk y la manada imposible
The Alpha, Lost and Found, The Kalisk y Wolfpack completan la primera cara con una progresión muy sugerente. The Alpha apunta a la idea clásica de dominio, jerarquía y una fuerza superior. The Kalisk presenta al gran adversario, la criatura que convierte la misión de Dek en prueba casi suicida.
Lost and Found introduce una dimensión más humana (o más Yautja, mejor dicho) y es el hecho de perderse y encontrarse en medio de la caza. Dek busca una presa, pero también está buscando una versión de sí mismo capaz de sobrevivir a la mirada de su familia. Ese matiz permite que la música no dependa únicamente de la criatura final.
Wolfpack es uno de los temas más reveladores del disco. La palabra manada cambia la lógica del cazador solitario. En esta película, la fuerza no parece venir solo de matar más o resistir más, sino de aprender qué significa proteger, confiar y formar una unidad con alguien que, sobre el papel, debería estar al otro lado del arma.

Ahí es donde la relación entre Dek y Thia gana peso musical. Un Yautja y una sintética: carne ritual y tecnología corporativa; orgullo tribal y mirada fabricada; cazador y acompañante no prevista.
Cara B: infiltración, traición y la alianza que cambia la caza
La cara B abre con Infiltration y Leg Fight, dos temas que devuelven la música al terreno físico. Hay entrada sigilosa, choque corporal, combate cercano y esa clase de situación donde una extremidad puede convertirse en problema, herramienta o ambas cosas en menos de diez segundos.
Chosen Family es quizá el corte más importante desde el punto de vista temático. La familia elegida frente a la familia impuesta. La manada que se construye frente al clan que te expulsa. En una saga tan ligada a la caza, la sangre y el trofeo, ese concepto aporta una lectura muy interesante ya que Dek no solo debe probar que puede matar; debe descubrir por quién merece la pena luchar.

Last Chance y Betrayed llevan el álbum hacia el punto de ruptura. La traición, dentro de una historia Yautja, nunca es un simple giro argumental. Tiene el peso de un código quebrado. Wallfisch y Schachner pueden tensar aquí la partitura con una mezcla de rabia, pérdida y peligro inmediato.
The Partnership recompone el centro. La alianza entre Dek y Thia se convierte en verdadero motor del relato. La música debe hacer creíble algo que en otro contexto sonaría imposible y es que un Predator y una sintética encuentren una forma de cooperación en un planeta diseñado para despedazar cualquier debilidad.
El tramo final del vinilo es casi una proclamación. Dek of the Yautja ya no nombra solo al personaje, lo vincula a su especie, a su herencia, a aquello que lo rechazó y aquello que debe redefinir. El tema suena a reconocimiento, aunque sea un reconocimiento ganado a golpes, barro y decisiones difíciles.
Prey to None invierte de manera preciosa el lenguaje de la franquicia.

En Predator, siempre ha existido una pregunta básica: quién caza y quién es cazado. Aquí el corte parece afirmar que Dek ha dejado de ser pieza vulnerable en el tablero. Ya no es presa de nadie. Pero la victoria no llega por pura fuerza bruta; llega después de comprender la manada, la alianza y el coste de sobrevivir.
Yautja Prayer cierra la edición física con una nota ritual. La palabra oración abre una puerta que la saga rara vez había cruzado de forma tan directa. Los Yautja no son solo depredadores con tecnología avanzada y mandíbula memorable. Tienen cultura, códigos, símbolos y, en esta nueva etapa, una dimensión casi sagrada ligada a la caza.
Terminar con una oración permite que el disco no acabe simplemente en una batalla. Después del ruido, la sangre y la persecución, queda una forma de pertenencia. O de duelo. O de ambas cosas, porque en Predator cualquier rito suele traer cuchillas incluidas.

Dan Trachtenberg y la reinvención de una criatura vieja
Mo Shafeek lo dice en la ficha de Mutant. El resurgimiento de Predator bajo Dan Trachtenberg debería servir como modelo para contar nuevas historias en universos antiguos. La frase tiene fundamento. Prey llevó la saga a otra época, otro punto de vista y otra textura. Killer of Killers exploró la antología animada. Badlands coloca al Yautja como centro dramático.
Esa es la clave. Trachtenberg no parece interesado en repetir el mismo juego de soldados contra criatura invisible. La franquicia conserva su ADN (caza, supervivencia, honor, cuerpo, tecnología, violencia ritual), pero lo desplaza. Cambia la perspectiva y obliga a la música a cambiar con ella.
Schachner y Wallfisch responden a ese nuevo enfoque con una partitura que puede sonar feroz y, al mismo tiempo, cercana al viaje de un héroe marginado. Dek no es un monstruo que aparece al final del pasillo. Es alguien que carga con la vergüenza de no haber sido suficiente para los suyos.

Greg Ruth o como retratar al cazador desde dentro
El arte original de Greg Ruth es uno de los grandes atractivos de la edición. En una saga donde el Predator ha sido tantas veces icono de amenaza (máscara, rastas, láser, visión térmica, trofeo), Ruth tiene la oportunidad de abordar al Yautja desde otro lugar con más presencia, más carácter y un destino.
Su trabajo encaja muy bien con ediciones que buscan algo más que impacto rápido. Un buen arte para Badlands debe transmitir peligro, claro, pero también viaje. Dek no puede aparecer solo como bestia. Tiene que llevar encima la tensión del exiliado, del hijo que necesita demostrar algo, del guerrero joven atrapado entre tradición y supervivencia.
La alianza con Thia añade otra capa visual, la de orgánico frente a artificial, brutalidad frente a cálculo o instinto frente a tecnología. Si el vinilo de Mutant logra condensar ese contraste en su diseño, el objeto físico gana una lectura muy potente.
No es únicamente "otro disco de Predator"; es un capítulo nuevo dentro de la iconografía de la saga.
La música de Predator después de Silvestri
Hablar de Predator en música de cine siempre implica mirar de reojo a Alan Silvestri. Su partitura de 1987 fijó una identidad de percusión, tensión selvática, militarismo, amenaza y energía física que sigue asociada a la criatura. ¡
Cualquier nuevo score de la franquicia debe negociar con ese legado, y es que acercarse demasiado puede sonar a copia y alejarse demasiado puede romper la memoria del cazador.
Schachner y Wallfisch trabajan en otro terreno. Badlands no es la jungla centroamericana de John McTiernan ni una simple cacería de humanos armados. Es una aventura de ciencia ficción centrada en un joven Yautja y en un planeta extremo.
La música puede permitirse abrir nuevos timbres, nuevas texturas, otra épica y otro tipo de tensión.
La continuidad no está en repetir patrones exactos, sino en conservar el pulso de la caza. Debemos sentir que pertenece a Predator, aunque el camino haya cambiado. Esa es la gracia de esta etapa donde el cazador sigue ahí, pero ahora también escuchamos sus dudas, su rabia y su necesidad de pertenecer.
Ecos de Partitura
Predator: Badlands representa un giro muy interesante para la música de la franquicia. Sarah Schachner y Benjamin Wallfisch escriben para un universo conocido, pero con una perspectiva menos habitual y es la del Yautja como protagonista, marginado, aprendiz y guerrero en busca de legitimidad.
Eso obliga al score a tener fuerza de acción y, al mismo tiempo, una identidad ligada al viaje personal de Dek. La edición de Mutant recoge esa nueva etapa en un formato físico muy atractivo.
Para coleccionistas de la saga, el lanzamiento tiene valor por documentar este momento de expansión: Prey, Killer of Killers y ahora Badlands como tres movimientos de una franquicia que ha dejado de repetirse en círculos y ha decidido cazar en territorios nuevos.
Para amantes de Schachner y Wallfisch, es una oportunidad de escuchar cómo dos voces distintas se cruzan en una misma criatura.
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¿Por qué nace Todo Soundtrack?
Desde mi adolescencia, las bandas sonoras han resonado como la música de fondo de mi vida, no solo realzando las películas que me encanta ver. En los años 1987 y 1988, mi vida tomó un giro decisivo y la música de las películas que disfrutaba en el cine o que alquilaba en el videoclub se transformó en mi ancla. No obstante, solo recientemente he tomado plena conciencia del papel crucial que desempeñó en aquel entonces.
"Fievel y el Nuevo Mundo" (An American Tail, 1986), una obra del gran James Horner, fue la primera banda sonora de película que adquirí en un diminuto establecimiento especializado ubicado en la calle Andrés Borrego, en el corazón de Madrid. Fue en Cinescor donde mi viaje comenzó.





