Banda sonora OVER THE GARDEN WALL en vinilo The Blasting Company
Aquí están los detalles de la banda sonora OVER THE GARDEN WALL en vinilo de The Blasting Company editada por Mutant.
Descubre todos los secretos de las bandas sonoras sin gastar nada. Para eso estamos nosotros, que incorporamos muchas ediciones de bandas sonoras de Mutant, las escuchamos, hacemos una valoración y os las enseñamos.
Over The Garden Wall
Original Soundtrack MBM-115


Edición LP en vinilo de 140 gramos de color
Incluye letras de las canciones y partituras
Arte de Sam Wolfe Connelly
También edición en CD y casete
Precio: 36,95 euros
Fecha de salida: Octubre de 2026
The Blasting Company vuelve a cruzar El Desconocido en vinilo de Mutant
El bosque de Over The Garden Wall se cruza con una tetera en la cabeza, una rana con más posibilidades artísticas que muchos conservatorios y la sensación de que cada camino antiguo sabe algo que tú has olvidado.
Wirt y Greg caminan por un cuento otoñal donde las hojas crujen como si guardaran secretos, las canciones aparecen en esquinas improbables y El Desconocido parece haber sido construido entre una fábula, un sueño y una vieja postal manchada de melaza.

Mutant presenta una nueva edición física de la banda sonora original de la miniserie de Cartoon Network creada por Patrick McHale. Compuesta e interpretada por The Blasting Company (Brandon Armstrong, Joshua Kaufman y Justin Rubenstein). Reúne 32 cortes entre canciones y música, con arte original de Sam Wolfe Connelly y un libreto con letras y partituras.
El sello anuncia una nueva variante de color exclusiva de su tienda online.
El contenido es el gran tesoro: 32 pistas que reúnen canciones, fragmentos de score, piezas de personaje, tonadas antiguas, música de feria fantasmal, ecos de jazz añejo, folk, ragtime, cabaret, coro espectral y esa clase de melodía que parece haber salido de un cilindro fonográfico encontrado bajo una calabaza.

La edición incluye arte de Sam Wolfe Connelly y un libreto con letras y partituras, detalle maravilloso porque este disco no quiere limitarse a ser escuchado. Quiere que participes. Quiere que cantes Potatoes & Molasses con dignidad, aunque cualquier persona en la habitación empiece a reconsiderar vuestra amistad.
The Blasting Company y una música que parece anterior a sí misma
La gran magia de The Blasting Company en Over The Garden Wall está en hacer que su música parezca rescatada de algún lugar que nunca existió. Suena como si El Desconocido tuviera su propio cancionero, transmitido entre ranas, leñadores, maestros de escuela, taberneros, calabazas, niños perdidos y trenes negros que no conviene tomar sin leer antes la letra pequeña.

Brandon Armstrong, Joshua Kaufman y Justin Rubenstein componen e interpretan un álbum que salta entre géneros con una naturalidad asombrosa: canción de salón, folk rural, jazz antiguo, coral sombrío, música de vodevil, pieza infantil, marcha grotesca, nana, romance fluvial y lamento de bosque.
Cada estilo aparece integrado en el mundo de la serie, como si todos hubieran brotado del mismo suelo húmedo.
La música define El Desconocido. Patrick McHale creó una miniserie de diez episodios con una identidad visual muy marcada, pero The Blasting Company le dio temperatura y memoria. La imagen te enseña el bosque, pero la música te convence de que lleva siglos esperando.

Cara A: del Prelude a Half Moon River, una puerta cubierta de hojas
La cara A abre con Prelude e Into The Unknown, una entrada perfecta a esa frontera entre lo infantil y lo inquietante que sostiene toda la serie. Into The Unknown funciona como invitación y advertencia, como diciendo entra, sí, pero no esperes que el camino te explique sus normas con claridad.
You Have Beautiful Eyes introduce esa ternura rara que aparece tantas veces en la obra. Nada en Over The Garden Wall es del todo inocente, pero casi todo conserva una posibilidad de cariño.
Después llega Pottsfield CM, que nos lleva a una de las imágenes más memorables de la miniserie: una comunidad de calabazas, celebración otoñal y sospecha de que quizá has entrado en una fiesta donde los vivos no llevan la voz cantante.

Patient Is The Night es una de las grandes canciones del álbum. Tiene una cualidad de voz suspendida y de tiempo detenido. No necesita levantar la mano para imponerse. Basta con dejarla sonar para que El Desconocido se vuelva más profundo, como si las sombras hubieran aprendido a cantar con educación.
Potatoes & Molasses: filosofía, glucosa y valentía infantil
Potatoes & Molasses merece su propio rincón de la taberna. Es una canción breve, absurda, luminosa y extrañamente invencible. Greg la canta como quien ha descubierto la solución definitiva al sufrimiento humano, aunque la solución consista en mezclar patatas con melaza, lo cual quizá explique por qué El Desconocido tiene sus propias normas sanitarias.
La canción resume el poder de Greg dentro de la serie. Frente a la ansiedad de Wirt, su tendencia al dramatismo y su habilidad para convertir cualquier silencio en una crisis literaria, Greg avanza con una confianza casi mística en lo ridículo.

No es ingenuidad vacía. Es una forma de resistencia. Donde otros ven peligro, él ve una canción y donde otros ven fracaso, él ve una rana con potencial escénico.
The Blasting Company entiende esa energía y la convierte en melodía contagiosa. Potatoes & Molasses no es un chiste aislado. Es una pequeña bandera. En El Desconocido, cantar algo absurdo puede ser una manera de seguir caminando.
Wirt: melancolía con gorro puntiagudo
Wirt es uno de los grandes protagonistas musicales del álbum aunque no siempre cante. Su carácter vive en la duda, el pudor, el exceso de pensamiento y una melancolía adolescente. El viaje por El Desconocido es, en parte, una travesía por sus miedos que son no gustar, no saber actuar, no encontrar su lugar, no ser valiente cuando toca.

Piezas como Into The Unknown, Like Ships, The Fight Is Over o Black Train & End Credits dialogan con esa dimensión más frágil. La música de The Blasting Company sabe acompañar a Wirt sin burlarse de él. Puede rodearlo de ironía, sí, pero también le concede una seriedad afectiva que hace que sus inseguridades importen.
Ese equilibrio es esencial. Over The Garden Wall podría haberse quedado en rareza preciosa, en desfile de episodios extravagantes. La música ayuda a que el viaje tenga corazón. Bajo los animales parlantes, los esqueletos, las calabazas y los viejos trenes, hay dos hermanos intentando volver a casa antes de perderse de verdad.
Cara B: jug bands, trenes negros y almas descarriadas
La cara B abre con McLaughlin Bros Jug Band y Over The Garden Wall, llevando el álbum hacia su lado más popular. Send Me A Peach añade un perfume de canción vieja, de amor sencillo o de frase que podría haber estado sonando en una radio de otra época.
Adelaide’s Trap cambia el tono. La serie sabe pasar del encanto a la amenaza con una suavidad preocupante. Adelaide pertenece a ese tipo de personajes que parecen salidos de un cuento moral donde nadie firmó consentimiento informado. La música recoge esa trampa sin romper la textura artesanal del mundo.
Old North Wind tiene el sabor de una fuerza antigua, casi meteorológica, convertida en canción. Tiny Star, en cambio, se mueve hacia una delicadeza pequeña, como una luz que no pretende vencer al bosque, solo aguantar encendida un poco más.
El tramo final es puro corazón oscuro de Over The Garden Wall. Aquí la miniserie deja ver su raíz más sombría: la Bestia, el molino, el tren, las almas extraviadas y esa sensación de cuento antiguo donde perder el camino tiene consecuencias reales.
Come Wayward Souls: la canción que apaga la lámpara
Come Wayward Souls es uno de los momentos más sobrecogedores de la banda sonora. En una serie llena de canciones con humor, ternura y sabor añejo, esta pieza abre una puerta más grave. La voz llama a las almas descarriadas, y el resultado tiene algo de himno, de amenaza y de nana retorcida.
La Bestia no necesita correr. No necesita gritar. Su peligro está en convencer, en apagar la voluntad, en convertir la pérdida en descanso. The Blasting Company escribe ahí una música que parece venir desde muy hondo, como si el bosque entero hubiera decidido hablar con una sola voz.
El contraste con Potatus et Molassus, que recupera la canción de Greg en latín macarrónico, es una genialidad. El álbum pasa del abismo a una especie de oración absurda, y aun así todo encaja. Esa es la alquimia de Over The Garden Wall ya que puede ser divertido, triste, ridículo y aterrador en la misma curva del sendero.
Sam Wolfe Connelly o como dibujar el otoño como si recordara algo
El arte de Sam Wolfe Connelly es parte fundamental de la identidad física del álbum. Su estilo encaja con la miniserie porque sabe trabajar la belleza y la inquietud al mismo tiempo. Dibuja El Desconocido como un lugar de memoria algo retorcida con ramas, sombras, rostros, animales, lámparas, agua oscura y personajes que parecen salidos de un cuento leído demasiado cerca del fuego.
La portada y el libreto funcionan como extensión del viaje. Leer las letras, mirar las ilustraciones y encontrar las partituras convierte el disco en una especie de cancionero del bosque. Un objeto para escuchar, hojear y, si uno se atreve, interpretar.
Ese aspecto participativo importa mucho. Over The Garden Wall siempre ha tenido algo de tradición oral inventada, como si sus canciones hubieran existido antes que la serie. Que el libreto te invite a cantarlas o tocarlas refuerza esa fantasía.
Una reedición para otoño, aunque la compres en cualquier mes
Over The Garden Wall pertenece al otoño de forma casi sobrenatural. Hojas secas, calabazas, niebla, ropa de lana, caminos embarrados y una melancolía dulce que no llega a ponerse sentimental.
Escuchar esta banda sonora en vinilo es casi una ceremonia de temporada al bajar la aguja, mirar por la ventana y aceptar que el mundo puede volverse un poco más extraño cuando cae la tarde.
La reedición de Mutant tiene sentido porque el álbum ha adquirido un culto creciente desde el estreno de la miniserie en 2014. No es únicamente una banda sonora querida por fans de Cartoon Network. Es una obra musical con vida propia, capaz de atraer a amantes del folk antiguo, de las rarezas animadas, del terror suave, del cuento gótico y de esos objetos que parecen diseñados para ser redescubiertos cada octubre.
El hecho de que Mutant prepare una nueva variante exclusiva de su tienda añade atractivo para quienes ya tengan ediciones anteriores.
No se trata de sustituir la memoria de Mondo, sino de prolongar el viaje físico del álbum con una nueva rama en el árbol.
Ecos de Partitura
Over The Garden Wall ocupa un lugar muy especial dentro de la música para animación televisiva porque no se conforma con acompañar escenas. The Blasting Company construye un mundo. Cada canción parece pertenecer a una tradición distinta y, al mismo tiempo, todas hablan el mismo idioma secreto de El Desconocido.
El álbum funciona como antología de estilos antiguos reinterpretados con enorme sensibilidad: folk, jazz temprano, canción de salón, jug band, coral oscuro, música de cuento y pequeñas piezas instrumentales que parecen venir de una caja de madera encontrada en un desván.
Esa variedad no fragmenta la escucha. Al contrario, refuerza la sensación de viaje episódico, como si cada parada del camino tuviera su propio músico esperando.
La nueva edición de Mutant conserva los grandes reclamos que hicieron del álbum una pieza querida. Para coleccionistas de bandas sonoras de animación, es una oportunidad de volver a El Desconocido con formato físico cuidado. Para fans de la serie, casi un pasaporte. Quizá sin garantía de regreso, pero con canciones suficientes para intentarlo.
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¿Por qué nace Todo Soundtrack?
Desde mi adolescencia, las bandas sonoras han resonado como la música de fondo de mi vida, no solo realzando las películas que me encanta ver. En los años 1987 y 1988, mi vida tomó un giro decisivo y la música de las películas que disfrutaba en el cine o que alquilaba en el videoclub se transformó en mi ancla. No obstante, solo recientemente he tomado plena conciencia del papel crucial que desempeñó en aquel entonces.
"Fievel y el Nuevo Mundo" (An American Tail, 1986), una obra del gran James Horner, fue la primera banda sonora de película que adquirí en un diminuto establecimiento especializado ubicado en la calle Andrés Borrego, en el corazón de Madrid. Fue en Cinescor donde mi viaje comenzó.





