Banda sonora LEVITICUS Jed Kurzel
Aquí están los detalles de la banda sonora de LEVITICUS Jed Kurzel editada por Mutant.
Descubre Leviticus soundtrack y todos los secretos de las bandas sonoras sin gastar nada. Para eso estamos nosotros, que incorporamos muchas ediciones de bandas sonoras de Mutant, las escuchamos, hacemos una valoración y os las enseñamos.
Leviticus
Original Motion Picture Soundtrack MBM-107


Edición LP en vinilo de 140 gramos de color humo
Precio: 36,95 euros
Fecha de salida: Noviembre de 2026
Jed Kurzel convierte el deseo en una criatura de vinilo Black Smoke
El monstruo de Leviticus toma la forma de la persona que más deseas. Dos adolescentes, Naim y Ryan, deben huir de una entidad violenta que se alimenta de aquello que debería haber sido refugio: la atracción, el reconocimiento, la posibilidad de quererse sin pedir disculpas.

Mutant presenta la primera edición física de la banda sonora original de Jed Kurzel para la película escrita y dirigida por Adrian Chiarella.
La edición llega como LP prensado en vinilo Black Smoke de 140 gramos, una elección visual que parece salida de la propia premisa con humo negro, amenaza sin forma fija y una oscuridad que se mueve dentro del surco como si estuviera buscando rostro.

Vinilo Black Smoke y primera edición física del score
La edición de Mutant es la primera publicación física de la música de Kurzel para Leviticus, después del lanzamiento digital de la banda sonora. El programa se reparte en dos caras y reúne 23 cortes en vinilo, incluyendo la canción final Show Me The Way, interpretada por Vincent Goodyer y Tiffi.
Conviene distinguir esta versión retail en Black Smoke de la edición Mutant previa, ya agotada, prensada en Red Smoke de 140 gramos, con arte de Sachin Teng y limitada a 500 copias.

El color no podría estar mejor elegido. Leviticus pide algo turbio, con movimiento interno, como una mancha que cambia según la luz. Un disco que no enseña del todo qué esconde.
Jed Kurzel y el terror que respira cerca del oído
Jed Kurzel ya demostró en The Babadook que entiende el terror como algo que entra por grietas pequeñas. Su música no necesita perseguirte con una orquesta levantando muebles. Prefiere acercarse despacio, dejar una textura, una vibración, un motivo incómodo, y esperar a que seas tú quien mire hacia la esquina equivocada.

En Leviticus, ese enfoque encaja con una historia donde el miedo y el deseo están atados de una forma casi insoportable. La entidad no aparece como simple amenaza externa. Se disfraza de aquello que Naim y Ryan quieren. La música, por tanto, debe trabajar una tensión muy delicada con ternura y peligro al mismo tiempo.
Es una obra ambiental, cargada de sintetizadores, sombría pero tierna. Esa dualidad es la clave. Kurzel compone para que entendamos que el terror nace de una violencia social previa, de la intolerancia, del miedo religioso, del rechazo de pueblo pequeño y de la presión de convertir el deseo en culpa.
La criatura mata, sí, pero el verdadero horror ya estaba esperando en las miradas de alrededor.

Duchas, bicicletas y una mesa donde algo empieza a romperse
La cara A abre con Shower, una pieza breve que ya sugiere intimidad y vulnerabilidad. Después llegan Bikes y Naim and Ryan, dos temas que sitúan la historia en una edad concreta, la de adolescentes moviéndose por espacios cotidianos, descubriendo lo que sienten entre trayectos, silencios y encuentros que todavía parecen posibles.
The Table aparece como uno de los primeros centros dramáticos. Una mesa puede ser familiar y comunitaria, pero también puede ser un tribunal, un altar o un lugar donde alguien decide que tu vida necesita un cambio. En una película atravesada por intolerancia y miedo a lo desconocido, ese título pesa más de lo que aparenta.

Faith Healer lleva el álbum hacia un terreno abiertamente inquietante. La sanación, cuando se usa contra aquello que una persona es, deja de ser consuelo y se convierte en amenaza. Kurzel encuentra ahí una veta de terror especialmente áspera con la violencia envuelta en lenguaje de salvación.
Frogs I, Yard, Ice Rink, Servo, Entity, Flame y Bus completan la primera cara con una sucesión de espacios, señales y presencias. Hay algo muy eficaz en esa enumeració de lugares ordinarios donde el miedo puede aparecer sin cambiar el decorado. En Leviticus, lo cotidiano no protege. Solo hace que la amenaza resulte más cercana.

Escuela, pasillos, puertas y huida
La cara B comienza con School y Journey, dos palabras que resumen bien el doble movimiento de la película con la adolescencia y el desplazamiento. La escuela es un escenario juvenil y también un espacio de vigilancia, rumores, jerarquías y exposición.
Get Out of the Car suena a orden urgente, a peligro inmediato, a esos segundos donde una decisión puede separar la vida del desastre. Después llegan Sleep, Corridor y Screen Door, temas que parecen escritos para que cualquier casa deje de sentirse segura.
Dormir, atravesar un pasillo, mirar una puerta mosquitera: Kurzel sabe convertir acciones mínimas en zonas de alarma.

Escape, Make It Stop y The Search elevan la presión hacia el tramo final. La música sugiere persecución física, pero también agotamiento. Make It Stop es una frase de terror puro porque puede significar muchas cosas: que pare la criatura, que pare el deseo convertido en castigo, que pare el mundo que obliga a dos chicos a vivir su amor como si fuera una condena.
El corte principal, Leviticus, concentra la carga simbólica de la película. El título remite al libro bíblico tantas veces utilizado como arma contra vidas queer. Chiarella toma ese peso cultural y lo convierte en horror literal.

Kurzel, desde la música, parece responder con una oscuridad que no viene de lo sobrenatural solamente, sino de siglos de miedo administrado desde púlpitos, familias y comunidades cerradas.
Show Me The Way y una canción al final del túnel
El vinilo cierra con Show Me The Way, interpretada por Vincent Goodyer & Tiffi. Su inclusión tras el score de Kurzel añade un cambio de respiración. Después de un recorrido de sintetizadores sombríos, texturas densas y melodías retorcidas, una canción final puede funcionar como salida o pregunta.
El título tiene una sencillez muy poderosa: muéstrame el camino.

En Leviticus, esa frase puede leerse como una súplica adolescente, el deseo de escapar, la búsqueda de identidad o una necesidad de encontrar una ruta fuera del miedo aprendido. La canción deja el álbum mirando hacia algo distinto del encierro.
También aporta un buen cierre para el formato físico. Tras Leviticus, la canción no borra la oscuridad anterior, pero la deja resonando desde otro ángulo.

Horror queer, pueblo pequeño y una criatura demasiado íntima
La premisa de Leviticus es sencilla y devastadora con una entidad que adopta la forma de la persona que más deseas. En una historia de amor queer adolescente, esa idea tiene un filo especial. El monstruo amenaza con matar y con convertir el deseo en peligro, con hacer que mirar al otro sea una forma de exposición mortal.
La película se mueve en un entorno de intolerancia de pueblo pequeño, donde el miedo a lo desconocido se mezcla con prejuicio, religión y control social. Chiarella no usa el terror como disfraz superficial de una historia romántica. Lo convierte en metáfora física.
El monstruo exterioriza una violencia que ya existía antes de aparecer.

Kurzel entiende esa tensión y evita el susto fácil como único recurso. Su música parece hecha para los momentos donde Naim y Ryan no saben si acercarse o correr, si confiar en lo que sienten o temer la forma que ese sentimiento acaba de tomar.
Esa ambigüedad da al score una fuerza muy particular ya que no separa el amor y el miedo en compartimentos definidos. Los deja contaminarse, como ocurre tantas veces cuando el mundo obliga a vivir el deseo bajo una amenaza.
Ecos de partitura
Dentro del terror contemporáneo, Leviticus se suma a una línea donde el monstruo no llega desde fuera de la sociedad, sino desde sus propias heridas. En ese sentido, la partitura de Jed Kurzel trabaja desde la incomodidad, la respiración baja y una electrónica oscura que parece moverse por debajo de la piel.
Su relación con The Babadook resulta inevitable. En ambos casos, Kurzel sabe escribir para terrores que tienen raíz íntima con duelo, deseo, culpa, rechazo y trauma. La criatura importa, claro, pero lo decisivo es lo que esa criatura revela de los personajes y del mundo que los rodea.
La edición de Mutant refuerza esa lectura. Parece una extensión física del propio score. Humo negro para una música que se va filtrando poco a poco.
Únete a nosotros en este viaje por la música de cine
Aunque aún estamos afinando los últimos detalles de nuestra exclusiva newsletter para ofrecerte la mejor experiencia, tu anticipada suscripción te garantizará que no te pierdas ninguna actualización, lanzamiento exclusivo o contenido especial.
Haz que la música suene más fuerte
Para sostener y continuar expandiendo nuestra web, participamos en el Programa de Afiliados de Amazon. Esto significa que, al hacer clic y realizar compras a través de los enlaces de Amazon que proporcionamos, nos estás apoyando sin ningún coste adicional para ti.
Queremos asegurarte que nuestra afiliación se limita exclusivamente a Amazon. Cualquier otro enlace hacia sitios externos que encuentres en nuestra web tiene el único propósito de enriquecer tu experiencia y ofrecerte información detallada y específica sobre las bandas sonoras que resaltamos.
Otras preventas y lanzamientos de Mutant
¿Por qué nace Todo Soundtrack?
Desde mi adolescencia, las bandas sonoras han resonado como la música de fondo de mi vida, no solo realzando las películas que me encanta ver. En los años 1987 y 1988, mi vida tomó un giro decisivo y la música de las películas que disfrutaba en el cine o que alquilaba en el videoclub se transformó en mi ancla. No obstante, solo recientemente he tomado plena conciencia del papel crucial que desempeñó en aquel entonces.
"Fievel y el Nuevo Mundo" (An American Tail, 1986), una obra del gran James Horner, fue la primera banda sonora de película que adquirí en un diminuto establecimiento especializado ubicado en la calle Andrés Borrego, en el corazón de Madrid. Fue en Cinescor donde mi viaje comenzó.





