Banda sonora COYOTE VS. ACME Steven Price

Aquí están los detalles de la banda sonora COYOTE VS. ACME Steven Price editada por Enjoy The Ride Records.

Descubre Coyote vs. Acme soundtrack y todos los secretos de las bandas sonoras sin gastar nada. Para eso estamos nosotros, que incorporamos muchas ediciones de bandas sonoras, las escuchamos, hacemos una valoración y os las enseñamos.

Coyote vs. Acme

Original Motion Picture Soundtrack


Coyote vs. Acme soundtrack Seven Price
enjoy the ride logotipo

Edición LP limitada a 300 unidades en variante "Acme Splat"

Arte de Kevin Wilson

Precio: 42,99 $

Steven Price lleva al Coyote a juicio en doble vinilo Acme Splat

Hay demandas que empiezan con un contrato mal redactado. La de Wile E. Coyote empieza con décadas de yunques, cohetes, imanes gigantes, catapultas defectuosas y una relación comercial con ACME que cualquier abogado laboralista, mercantil o directamente chamánico debería haber revisado mucho antes.

Si alguien tenía derecho a presentar una reclamación, era él: Canis latrans, consumidor reincidente, víctima habitual de explosiones y ejemplo viviente de que la perseverancia también puede dejar la silueta quemada en una pared.

Coyote vs. Acme logo title

Llega en vinilo la banda sonora de Coyote vs. Acme, compuesta por Steven Price, en una edición 2LP Acme Splat exclusiva de Enjoy The Ride Records y limitada a 300 copias.

La película de Dave Green mezcla acción real y animación para convertir el viejo combate entre el pequeño individuo y la gran corporación en una sátira judicial con dinamita, papeles legales y suficiente física imposible como para que el juez pida un descanso.

El atractivo color Acme Splat está pensado como guiño directo al historial de impactos, explosiones, caídas y consecuencias gráficas que persiguen al Coyote desde que alguien decidió venderle maquinaria pesada por catálogo.

Coyote vs. Acme soundtrack vinyl

El álbum incluye 27 cortes repartidos en cuatro caras y ha sido masterizado específicamente para vinilo. La portada corre a cargo de Kevin Wilson, colaborador habitual de iam8bit, con una estética inspirada en los años sesenta que encaja muy bien con el espíritu de la película.

Steven Price y el arte de poner música a una caída anunciada

Steven Price llega a Coyote vs. Acme con un reto precioso, el de escribir música para un personaje que lleva toda la vida fracasando en silencio.

El Coyote no habla, pero su cuerpo lo ha dicho todo durante generaciones: ambición, hambre, cálculo, soberbia técnica, derrota inmediata y esa capacidad milagrosa para recomponerse antes del siguiente pedido.

Coyote vs. Acme vinyl soundtrack

Price toma como punto de partida el lenguaje musical clásico de los Looney Tunes, con su precisión milimétrica para el gag, su gusto por la cita orquestal y su energía de persecución, pero lo adapta a una película que también funciona como comedia legal moderna.

La referencia a la Obertura 1812 no es casual. La tradición de los Looney Tunes siempre jugó con la música clásica como combustible cómico: Rossini, Wagner, Liszt, Johann Strauss, Tchaikovsky… todo podía convertirse en persecución, caída, disfraz o bomba con mecha demasiado corta.

Price recoge esa herencia y la actualiza sin convertirla en algo de museo.

Coyote vs. Acme soundtrack back

Cara A de pruebas, ACME y latín de dibujos animados

La cara A abre con I Know Too Much, título perfecto para una historia donde el Coyote deja de ser simple saco de golpes y pasa a convertirse en testigo incómodo. Después llega Acme, que funciona casi como presentación de la gran maquinaria corporativa: una empresa capaz de venderte cualquier cosa, especialmente si esa cosa acabará explotando en tus manos.

Coyote vs. Acme teaser poster

Fastas Hellus vs. Hungrious Carnivorus es una pequeña joya de nomenclatura falsa, entre latín de laboratorio, manual zoológico y chiste de escuela de abogados. El Correcaminos y el Coyote quedan convertidos en criaturas de expediente, como si el juicio necesitara traducir décadas de "bip bip" y polvo del desierto a terminología aceptable ante un tribunal.

Thwarted Plans, The Sky Is Not The Limit, We Wrote the Law y We Will Be Polite completan una primera cara donde la música parece pasar de la persecución al procedimiento judicial. The Sky Is Not The Limit tiene un punto especialmente realacionado con el coyote: para él, el cielo nunca fue límite, más bien zona de paso antes de caer al barranco.

Movie poster Coyote vs. Acme

Cara B: What’s Up Doc? entra en sala

La cara B abre con You May Be Seated y My Client Is Innocent, dos temas que ya sitúan el álbum en clave de juicio. La gracia de Coyote vs. Acme está precisamente ahí, en llevar a personajes de una lógica imposible a un espacio que presume de lógica, reglas y responsabilidad.

Coyote vs. Acme cartel

What’s Up Doc? introduce el guiño más directo al gran universo Looney Tunes. Bugs Bunny no necesita mucho para adueñarse de una habitación; una frase basta para que cambie el aire. Price tiene que manejar esa memoria sin dejar que la película se convierta en desfile de referencias. El truco está en que cada motivo clásico aparezca como parte del mundo, no como codazo al espectador.

That Looks Unspeakably Dangerous y It Is Really Super Easy To Lose devuelven el humor físico al centro. La primera frase podría acompañar cualquier invento ACME justo antes de ser usado; la segunda resume con crueldad la biografía del Coyote.

Perder, para él, nunca ha sido difícil. Lo difícil ha sido dejar de intentarlo.

Póster de la película Coyote vs. Acme

We Were Having a Heart-to-Heart y Roadrunner Stew cierran la cara con dos polos muy claros, la emoción y el hambre. Porque en el fondo, incluso en una sátira judicial, el Coyote sigue siendo el Coyote. Puede demandar a una multinacional, reunir pruebas y buscar justicia, pero una parte de su alma todavía sueña con un guiso de Correcaminos.

Cara C de flashbacks, pianos y una audiencia mundial

Si las dos primeras caras colocan la demanda y la estructura legal, esta tercera parece abrir el baúl de daños personales, traumas animados y espectáculo público.

I Tawt I Taw trae otro eco clásico del universo Warner, mientras This Calls For A Flashback anuncia algo muy propio de una película que mira hacia décadas de persecuciones: para entender la demanda, hay que revisar el historial. Y vaya historial. Si un perito tuviera que estudiar todas las lesiones del Coyote, necesitaría una mesa larga, café y quizá un casco.

Cartel de la película Coyote vs. Acme

Bombs, Boulders and Pianos es prácticamente una declaración estética. En el mundo Looney Tunes, los objetos pesados tienen una vida moral curiosa: caen siempre donde deben, aunque la lógica diga lo contrario.

Bombas, rocas y pianos no son accesorios; son instrumentos del destino.

The Whole World Will Be Watching añade la dimensión mediática del caso. El juicio del Coyote contra ACME no es una simple querella por productos defectuosos. Es una batalla simbólica: el pequeño contra la empresa, el usuario contra el fabricante, el cartoon contra el contrato abusivo.

Coyote vs. Acme movie poster

Si el mundo va a mirar, Price necesita música que pueda alternar tensión legal, comedia y épica ridícula sin perder el equilibrio.

Cara D: propósito, negocio y Tchaikovsky con dinamita

La cara D comienza con He Wakes Up with Purpose, que quizá sea el título más cariñoso del álbum. El Coyote despierta con propósito cada mañana desde hace décadas. Su problema nunca ha sido la falta de motivación. Su problema ha sido la física, ACME, el Correcaminos y una alarmante incapacidad para reconocer patrones de fracaso.

Business Is Complex y A Little Pain for the Greater Good suenan a frases que una corporación podría pronunciar con sonrisa de manual y responsabilidad moral bajo mínimos. La sátira empresarial encuentra aquí su vena más afilada. ACME no vende simples productos defectuosos, vende una visión del mundo donde el daño ajeno puede explicarse como efecto colateral, innovación o mejora de procesos.

Poster Coyote vs. Acme

Are You Coming Back y They Trust You introducen una nota más humana. La película no parece limitarse al chiste de tribunal. Su gran idea consiste en darle al Coyote una dignidad que siempre estuvo ahí, oculta bajo explosiones. Price tiene espacio para convertir al personaje en algo más que una silueta chamuscada. Hay confianza, vínculo y un posible regreso.

The Sky’s the Limit prepara el cierre y 1812 Overture remata con una elección de puro ADN Looney. Tchaikovsky entra en el mundo ACME como debería entrar: entre cañonazos, pompa, ironía y la sospecha de que alguien ha colocado la partitura demasiado cerca de una caja de TNT.

Kevin Wilson y el expediente visual del caso Coyote

La portada de Kevin Wilson se inspira en la gráfica de los años sesenta, y esa decisión resulta muy inteligente. Coyote vs. Acme mezcla dos tradiciones. Por un lado, la elasticidad absurda del dibujo animado clásico y por otro, el lenguaje serio, casi institucional, del litigio legal.

Coyote vs. Acme póster de la película

El diseño puede jugar con esa tensión con formas limpias, composición retro, humor seco y una sensación de cartel judicial pasado por una trituradora de dibujos animados.

La edición Acme Splat, además, parece pensada para quienes disfrutan cuando el color del vinilo cuenta parte del chiste. Un splat no es una mancha cualquiera en este universo. Es la consecuencia gráfica de una caída, una explosión o un producto ACME usado exactamente como indicaban las instrucciones.

En una banda sonora donde la música recupera la tradición de Carl Stalling, Milt Franklyn y la comedia orquestal de precisión, el objeto físico debía estar a la altura del gag. El vinilo coloreado funciona como prueba material.

Cartel Coyote vs. Acme

La herencia Looney o la música como coreografía del desastre

En los Looney Tunes clásicos, la música nunca era simple fondo. Era una parte del mecanismo cómico. Un golpe, una mirada, una caída o un cambio de disfraz podían depender de un acento orquestal colocado con exactitud de relojero.

La música hacía visible la elasticidad del mundo.

Coyote vs. Acme hereda esa tradición, pero la traslada a un contexto híbrido de acción real y animación. Price necesita que la música funcione para el gag animado, para la sátira judicial, para los personajes humanos y para el viaje emocional del Coyote. No basta con sonar a "cartoon".

Steven Price, del espacio profundo al desierto judicial

Steven Price ganó el Oscar por Gravity, donde convirtió el espacio en una experiencia de aislamiento, tensión y respiración suspendida. En Coyote vs. Acme, el territorio es muy distinto, aunque comparte una idea curiosa: un personaje sometido a fuerzas físicas descomunales intenta seguir adelante contra toda probabilidad.

La diferencia, claro, es que Sandra Bullock no tenía que litigar contra el fabricante de satélites defectuosos mientras un Correcaminos hacía "bip bip" en la puerta.

Price se mueve aquí en un registro más ligero, satírico y lúdico, pero su oficio para estructurar tensión, impulso y emoción puede darle al Coyote algo que históricamente se le ha negado: gravedad dramática. En todos los sentidos de la palabra.

Su música para Coyote vs. Acme parece entender que el personaje funciona porque nunca abandona. El chiste es la caída; la emoción está en que vuelve a levantarse. Esa perseverancia, vista durante décadas como puro gag, puede convertirse ahora en una forma de justicia poética. O jurídica. O ambas, si el juez admite como prueba una catapulta rota.

Ecos de partitura

Steven Price no parte de una página en blanco ya que trabaja sobre un legado donde la música de dibujos animados alcanzó niveles de precisión, ingenio y cultura musical extraordinarios.

El reto consiste en honrar ese lenguaje sin convertirlo en una mera imitación.

El álbum parece construido con espacio para leitmotivs clásicos, citas como la Obertura 1812, nuevos temas, persecución, ironía y corazón inesperado. Esa combinación puede ser el gran atractivo del disco y es que es una banda sonora que entiende el gag, pero también el cansancio acumulado del Coyote después de tantos productos defectuosos.

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    ¿Por qué nace Todo Soundtrack?

    Desde mi adolescencia, las bandas sonoras han resonado como la música de fondo de mi vida, no solo realzando las películas que me encanta ver. En los años 1987 y 1988, mi vida tomó un giro decisivo y la música de las películas que disfrutaba en el cine o que alquilaba en el videoclub se transformó en mi ancla. No obstante, solo recientemente he tomado plena conciencia del papel crucial que desempeñó en aquel entonces.

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    "Fievel y el Nuevo Mundo" (An American Tail, 1986), una obra del gran James Horner, fue la primera banda sonora de película que adquirí en un diminuto establecimiento especializado ubicado en la calle Andrés Borrego, en el corazón de Madrid. Fue en Cinescor donde mi viaje comenzó.

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